"Si el Carmelo tiene la gloria del Culto Josefino, es por el incremento que le dio Santa Teresa, continuado por sus hijas e hijos, quienes proclaman gozosos con su Sta Madre: " San Jose es mi verdadero padre y señor". Por ello es protector especialisimo del Carmelo Teresiano desde sus origenes"



domingo, 19 de septiembre de 2010


"No ha sido fácil el reconocimiento de san José en la Iglesia, y la mirada hacia su historia resulta, cuando menos, desconcertante pero también comprensible.Los evangelios, el de Mateo y el de Lucas, contra lo que suele afirmarse con cierta carga de ironía a veces, no hablan tan poco de José, de quien, en contraste, no registran ni una sola palabra: tiene su anunciación, cree y actúa con la eficacia de su silencio en la responsabilidad de esposo de María y padre singular de Jesús, de custodio del Redentor.

Porque, a pesar de las inercias de tantos teólogos, de bastantes mariólogos (no de todos), resulta que el misterio de la Encarnación aconteció, conforme al proyecto divino, por mediación de María, pero no solitaria sino desposada ya con José, compañero y protagonista en la vida oculta de Jesús.Decía que es perfectamente comprensible el silencio y hasta el cúmulo de deformaciones que se cernieron sobre esta figura silenciosa en el tiempo posterior a la catequesis evangélica. Era preciso salvaguardar el valor, tan estimado, de la virginidad de María y defenderla frente a los ataques de herejías agresivas.

La salvaron a la perfección, y mirando a los datos evangélicos, padres de la Iglesia como san Justino, san Agustín, san Jerónimo, san Juan Crisóstomo. Otros, sin embargo, se dejaron seducir por las fantasías de los apócrifos, que se acogieron al recurso de convertir al esposo de María en viejo, muy viejo, y en viudo con hijos habidos en matrimonios anteriores.

Y esta percepción de José ancianísimo fue la que se impuso durante siglos a lo largo de la edad media.La literatura popular, los sermones, la iconografía en sus variadas expresiones medievales, fueron los transmisores y son testigos de aquellas representaciones de san José tan viejo, aislado y de espaldas al nacimiento, en papeles secundarios cuando no casi ridículos de portar un farol, de hacer sopas o, lo más frecuente y significativo, de estar de espaldas o dormido tan tranquilo y tan ajeno al misterio de alegría bulliciosa en aquel espacio animado de la navidad.

El redescubrimiento de san José se produjo con el retorno al evangelio reclamado y realizado por los humanistas a partir del siglo XV. El precursor reconocido fue el canciller de Paris, Juan Gerson, encariñado con la misión y con la figura de José, con su paternidad singular, con el matrimonio con María, escritor del poema encendido de la Josefina, empeñado en conseguir la celebración de la fiesta de los desposorios, y empeñado con más denuedo, si cabe, en cambiar la imagen de un José viejo por la más acorde con su misión de esposo y padre, es decir, la de José joven y, añadía, hermoso.

El autorizado canciller, que tanto influjo ejerció en la espiritualidad posterior, lo ejerció también en este particular aspecto de la figura, de la devoción, del culto, creciente a partir de entonces (eran los tiempos del concilio de Constanza, por 1416) y aunque la eclosión tuviera que esperar al manifiesto de santa Teresa, recogido todo ello y expresado en libros, en sermones entusiastas, en pinturas llenas de ternura como las del Greco o Zurbarán, en tallas rebosantes de fortaleza como las de Berruguete, de Gregorio Fernández y del barroco español. La presencia de san José se hizo realidad en la Iglesia, en la devoción del pueblo, en tratados de teólogos, en la literatura religiosa, en el culto y en la liturgia.

Como expresión del fervor, su fiesta se hizo universal en el siglo XVII, fue proclamado patrono de obispados, de países, de órdenes religiosas y, por Pío IX en 1870, de la Iglesia universal. Eran tiempos necesitados de la protección de san José, como lo eran, por otros motivos, aquellos en los que el Papa León XIII publicó la única encíclica josefina (Quamquam pluries, 1889). Ya en el siglo XX, Juan XXIII, tan devoto del Santo, incluyó su nombre en la plegaria litúrgica (en el canon) de la misa.

Después del concilio Vaticano II (¿quién recuerda que Juan XXIII proclamó al esposo de María velador especial del concilio?) san José no se libró de la crisis general que hoy se refleja en olvidos pero también en recuerdos, en la renovación de su teología, en congresos, en centros y publicaciones dedicados a su estudio y animados por la hermosa y profunda exhortación apostólica Redemptoris Custos de Juan Pablo II."


Dr.Teofanes Egido

sábado, 11 de septiembre de 2010


San Alfonso María de Ligorio nos hace reflexionar: "¿Cuánto no es también de creer aumentase la santidad de José el trato familiar que tuvo con Jesucristo en el tiempo que vivieron juntos?" José durante esos treinta años fue el mejor amigo, el compañero de trabajo con quién Jesús conversaba y oraba. José escuchaba las palabras de Vida Eterna de Jesús, observaba su ejemplo de perfecta humildad, de paciencia, y de obediencia, aceptaba siempre la ayuda servicial de Jesús en los quehaceres y responsabilidades diarios. Por todo esto, no podemos dudar que mientras José vivió en la compañía de Jesús, creció tanto en méritos y santificación que aventajó a todos los santos.

martes, 7 de septiembre de 2010

Modelo de oración.

San José es modelo de oración. La oración de San José es la oración contemplativa, la del amigo predilecto de Dios. Sabe tratar de amistad permaneciendo a solas en la presencia de Dios, adorando el Misterio. Permanece a la escucha de la Palabra revelada, la acoge en su corazón y la traduce en obras. La oración sella el estilo de su vida. Se deja amar por Dios y se entrega a sus exigencias para dar testimonio del amor.

Por ello, San José viene a ser como el maestro, el formador y el modelo de la oración para el cristiano.

sábado, 7 de agosto de 2010


El nombre de San José será con frecuencia invocado en situaciones de conflicto armado como cuando en 1695 la población de Turín decide encomendarse al santo en medio del asedio francés o cuando en 1488 los habitantes de Novara consiguen la victoria sobre sus sitiadores savoyanos tras haberse puesto en manos de San José. Del mismo modo, la Biblioteca Nacional de Madrid conserva la traducción castellana de unos Honores tributados a San Joseph por la Iglesia Catedral y ciudad de Toul en cuyo original francés –fechado en 1650- se invoca a San José como “príncipe de la Paz” rogando por el fin de los conflictos que asolaban Francia por aquellos años. Ahora bien, si en algún momento se recurrió de manera especial al auxilio de San José, fue en aquellas circunstancias en las que el enemigo a batir supuso una amenaza para la fe católica. Por esta razón, San José adquiere un protagonismo destacado en el contexto de las llamadas “guerras de religión”. Es el caso de la “Guerra de los 30 años” tras cuyo final Fernando III de Habsburgo consagra el imperio austriaco a San José en agradecimiento por la victoria.

Fuente IX Congreso de Josefología , Polonia

domingo, 25 de julio de 2010

El Taller de Nazareth


¿Que encontramos en el taller de Nazaret? La figura de la sabiduría y de la bondad del artesano. Ahí encontramos la labor y la creatividad del artesano. El amor y la sagacidad creativa del artesano que sabe cómo rehacer lo maltrecho, que encuentra caminos para resolver lo difícil, ajustar lo desajustado. En el taller entra la materia informe y sale modelada, transformada. Un taller es un lugar donde lo inútil se vuelve útil, lo afeado hermoso, lo escacharrado logra funcionar. Al artesano lo envuelve una especial sabiduría. Para él no hay nada imposible. Está aliado, cordialmente aliado con aquello que cae en sus manos.

Si partimos de esa experiencia en la figura de San José y su hijo Jesús, podemos encontrar el modelo de trabajo, diálogo, comunicación y acción, como expresiones que ayudaron en la formación de Jesús que, al asumir un compromiso con la misión que le encomendó el Padre del Cielo, debía pasar por un proceso de formación, donde la figura del artesano, no sólo, lo formó para los quehaceres artesanales, sino también para la experiencia afectiva y volitiva de la vida. Esa ha de ser la experiencia de todo padre de familia en su labor formativa con los hijos y en su realidad familiar, como el que da la cara por la realidad que le corresponde formar y conformar, con la colaboración y buena labor de su amada esposa.

jueves, 15 de julio de 2010


Juan XXIII, en el año 1962, enseña: «San José, ilustre descendiente de David, luz de los Patriarcas, esposo de la Madre de Dios, guardián de su virginidad, padre nutricio del Hijo de Dios, vigilante defensor de Cristo, Jefe de la Sagrada Familia; fue justísimo, castísimo, prudentísimo, fortísimo, muy obediente, fidelísimo, espejo de paciencia, amante de la pobreza, modelo de obreros, honor de la vida doméstica, guardián de las vírgenes, sostén de las familias, consolación de los desgraciados, esperanza de los enfermos, patrono de los moribundos, terror de los demonios, protector de la Iglesia Santa. Nadie es tan grande después de la Virgen María".
La razón de esta preminencia está en la plenitud de gracia recibida por San José, proporcionada a su misión de padre nutricio de Jesús, puesto que fue directa e inmediatamente elegido por el mismo Dios para esta misión única en el mundo. La misión de San José, en efecto, supera el orden mismo de la gracia y linda con el orden hipostático constituido por el misterio mismo de la Encarnación.


"La Iglesia entera reconoce en San José a su protector y patrono. A lo largo de los siglos se ha hablado de él, subrayando diversos aspectos de su vida, continuamente fiel a la misión que Dios le había confiado. Por eso, desde hace muchos años, me gusta invocarle con el título entrañable: Nuestro Padre y Señor». Las virtudes de San José señaladas por Juan XXIII son un espléndido modelo propuesto para nuestra imitación. "Nuestro Padre y Señor San José es Maestro de la vida interior.-Ponte bajo su patrocinio y sentirás la eficacia de su poder".


Instituto Tomás Moro en Asunción, Paraguay

jueves, 8 de julio de 2010

San José, patrono de los moribundos


Hay tres razones por las cuales San José es el patrono especial de los moribundos:

1) Él es el padre adoptivo del Juez Eterno, que no le puede negar

2) Es terrible a los demonios, la Iglesia lo llama
el El terror de los demonios y Conquistador del Infierno.

3) Su propia muerte fue más hermosa, ya que murió en los brazos
de Jesús y María, esta es la razón principal por la cual él es el
patrón de una buena muerte, la muerte de ningún otro santo fue tan feliz, tan glorioso.

San Francisco de Sales fue de la opinión de que
San José murió con el amor de Dios.