"Si el Carmelo tiene la gloria del Culto Josefino, es por el incremento que le dio Santa Teresa, continuado por sus hijas e hijos, quienes proclaman gozosos con su Sta Madre: " San Jose es mi verdadero padre y señor". Por ello es protector especialisimo del Carmelo Teresiano desde sus origenes"



domingo, 24 de octubre de 2010

Luz de los patriarcas

José, "siendo hombre justo" (Mt 1, 19), obedece al Señor y entra concientemente en el misterio de la Redención. "De este misterio Divino José es, junto a María, el primer depositario" (Redemptoris Custos).
Estando cerca el nacimiento de Jesús, para obedecer a una ley imperial de empadronamiento, José y María van a Belén.
En un momento tan importante de la Redención, cual es el nacimiento de Jesús, no podía estar ausente el que el Padre había escogido como un representante, José el esposo de María. (R. C., 12).

martes, 12 de octubre de 2010


Si no todas las fundaciones de la Madre Teresa llevan el título de San José, no hay ninguna donde no esté presidiendo y amparando la imagen de San José. Es una manifestación más de su devoción y experiencia josefina el ir sembrando por sus conventos imágenes de San José, la mayoría de las cuales se conservan todavía.

Es notable, a este respecto, el dato que llevaba consigo en todas sus fundaciones una imagen de bulto de San José, que recibía el título de "San José del Patrocinio", y, cuando el P. Pedro Fernández la nombró Priora del convento de la Encarnación en 1571, y ella supo de la terrible negativa de la mayoría de las monjas para recibirla, llevó consigo esta imagen y el día de la toma de posesión, al tiempo que colocaba la imagen de la Virgen en la silla prioral, la acomodó en la silla subprioral; esta imagen luego le parlaría todo lo que las monjas hacían, que por eso se le llamó el Parlero, y de tanto hablar quedó con la boca abierta milagrosamente.

En la fundación de Burgos, el médico Antonio Aguiar, amigo del P.Gracián, hace notar cómo, al no encontrar una imagen del Santo, reparaba por mano de un pintor un santo antiguo para que representase a San José. Como no quiere que falte mucho tiempo la imagen de San José en ninguno de sus conventos, son las casas de su padre y señor, recuerda a Diego de Ortiz, fundador del convento de Toledo, "no se descuide tanto de poner a mi señor San José en la puerta de la iglesia.

domingo, 3 de octubre de 2010

LOS SUEÑOS DE JOSÉ

Nuestro santo tuvo unos sueños muy impresionantes, en los cuales recibió importantísimos mensajes del cielo.

En su primer sueño, en Nazaret,
un ángel le contó que el hijo que iba a tener María era obra del Espíritu Santo y que podía casarse tranquilamente con Ella, que era totalmente fiel. Tranquilizando con ese mensaje, José celebró sus bodas.

La leyenda cuenta que doce jóvenes pretendían casarse con María, y que cada uno llevaba en su mano un bastón de madera muy seca. Y que en el momento en que María debía escoger entre los 12, he aquí que el bastón que José llevaba milagrosamente floreció. Por eso pintan a este santo con un bastón florecido en su mano.



En su segundo sueño en Belén,
un ángel le comunicó que Herodes buscaba al Niño Jesús para matarlo, y que debía salir huyendo a Egipto. José se levantó a medianoche y con María y el Niño se fue hacia Egipto.

En su tercer sueño en Egipto,
el ángel le comunicó que ya había muerto Herodes y que podían volver a Israel. Entonces José, su esposa y el Niño volvieron a Nazaret.

domingo, 19 de septiembre de 2010


"No ha sido fácil el reconocimiento de san José en la Iglesia, y la mirada hacia su historia resulta, cuando menos, desconcertante pero también comprensible.Los evangelios, el de Mateo y el de Lucas, contra lo que suele afirmarse con cierta carga de ironía a veces, no hablan tan poco de José, de quien, en contraste, no registran ni una sola palabra: tiene su anunciación, cree y actúa con la eficacia de su silencio en la responsabilidad de esposo de María y padre singular de Jesús, de custodio del Redentor.

Porque, a pesar de las inercias de tantos teólogos, de bastantes mariólogos (no de todos), resulta que el misterio de la Encarnación aconteció, conforme al proyecto divino, por mediación de María, pero no solitaria sino desposada ya con José, compañero y protagonista en la vida oculta de Jesús.Decía que es perfectamente comprensible el silencio y hasta el cúmulo de deformaciones que se cernieron sobre esta figura silenciosa en el tiempo posterior a la catequesis evangélica. Era preciso salvaguardar el valor, tan estimado, de la virginidad de María y defenderla frente a los ataques de herejías agresivas.

La salvaron a la perfección, y mirando a los datos evangélicos, padres de la Iglesia como san Justino, san Agustín, san Jerónimo, san Juan Crisóstomo. Otros, sin embargo, se dejaron seducir por las fantasías de los apócrifos, que se acogieron al recurso de convertir al esposo de María en viejo, muy viejo, y en viudo con hijos habidos en matrimonios anteriores.

Y esta percepción de José ancianísimo fue la que se impuso durante siglos a lo largo de la edad media.La literatura popular, los sermones, la iconografía en sus variadas expresiones medievales, fueron los transmisores y son testigos de aquellas representaciones de san José tan viejo, aislado y de espaldas al nacimiento, en papeles secundarios cuando no casi ridículos de portar un farol, de hacer sopas o, lo más frecuente y significativo, de estar de espaldas o dormido tan tranquilo y tan ajeno al misterio de alegría bulliciosa en aquel espacio animado de la navidad.

El redescubrimiento de san José se produjo con el retorno al evangelio reclamado y realizado por los humanistas a partir del siglo XV. El precursor reconocido fue el canciller de Paris, Juan Gerson, encariñado con la misión y con la figura de José, con su paternidad singular, con el matrimonio con María, escritor del poema encendido de la Josefina, empeñado en conseguir la celebración de la fiesta de los desposorios, y empeñado con más denuedo, si cabe, en cambiar la imagen de un José viejo por la más acorde con su misión de esposo y padre, es decir, la de José joven y, añadía, hermoso.

El autorizado canciller, que tanto influjo ejerció en la espiritualidad posterior, lo ejerció también en este particular aspecto de la figura, de la devoción, del culto, creciente a partir de entonces (eran los tiempos del concilio de Constanza, por 1416) y aunque la eclosión tuviera que esperar al manifiesto de santa Teresa, recogido todo ello y expresado en libros, en sermones entusiastas, en pinturas llenas de ternura como las del Greco o Zurbarán, en tallas rebosantes de fortaleza como las de Berruguete, de Gregorio Fernández y del barroco español. La presencia de san José se hizo realidad en la Iglesia, en la devoción del pueblo, en tratados de teólogos, en la literatura religiosa, en el culto y en la liturgia.

Como expresión del fervor, su fiesta se hizo universal en el siglo XVII, fue proclamado patrono de obispados, de países, de órdenes religiosas y, por Pío IX en 1870, de la Iglesia universal. Eran tiempos necesitados de la protección de san José, como lo eran, por otros motivos, aquellos en los que el Papa León XIII publicó la única encíclica josefina (Quamquam pluries, 1889). Ya en el siglo XX, Juan XXIII, tan devoto del Santo, incluyó su nombre en la plegaria litúrgica (en el canon) de la misa.

Después del concilio Vaticano II (¿quién recuerda que Juan XXIII proclamó al esposo de María velador especial del concilio?) san José no se libró de la crisis general que hoy se refleja en olvidos pero también en recuerdos, en la renovación de su teología, en congresos, en centros y publicaciones dedicados a su estudio y animados por la hermosa y profunda exhortación apostólica Redemptoris Custos de Juan Pablo II."


Dr.Teofanes Egido

sábado, 11 de septiembre de 2010


San Alfonso María de Ligorio nos hace reflexionar: "¿Cuánto no es también de creer aumentase la santidad de José el trato familiar que tuvo con Jesucristo en el tiempo que vivieron juntos?" José durante esos treinta años fue el mejor amigo, el compañero de trabajo con quién Jesús conversaba y oraba. José escuchaba las palabras de Vida Eterna de Jesús, observaba su ejemplo de perfecta humildad, de paciencia, y de obediencia, aceptaba siempre la ayuda servicial de Jesús en los quehaceres y responsabilidades diarios. Por todo esto, no podemos dudar que mientras José vivió en la compañía de Jesús, creció tanto en méritos y santificación que aventajó a todos los santos.

martes, 7 de septiembre de 2010

Modelo de oración.

San José es modelo de oración. La oración de San José es la oración contemplativa, la del amigo predilecto de Dios. Sabe tratar de amistad permaneciendo a solas en la presencia de Dios, adorando el Misterio. Permanece a la escucha de la Palabra revelada, la acoge en su corazón y la traduce en obras. La oración sella el estilo de su vida. Se deja amar por Dios y se entrega a sus exigencias para dar testimonio del amor.

Por ello, San José viene a ser como el maestro, el formador y el modelo de la oración para el cristiano.

sábado, 7 de agosto de 2010


El nombre de San José será con frecuencia invocado en situaciones de conflicto armado como cuando en 1695 la población de Turín decide encomendarse al santo en medio del asedio francés o cuando en 1488 los habitantes de Novara consiguen la victoria sobre sus sitiadores savoyanos tras haberse puesto en manos de San José. Del mismo modo, la Biblioteca Nacional de Madrid conserva la traducción castellana de unos Honores tributados a San Joseph por la Iglesia Catedral y ciudad de Toul en cuyo original francés –fechado en 1650- se invoca a San José como “príncipe de la Paz” rogando por el fin de los conflictos que asolaban Francia por aquellos años. Ahora bien, si en algún momento se recurrió de manera especial al auxilio de San José, fue en aquellas circunstancias en las que el enemigo a batir supuso una amenaza para la fe católica. Por esta razón, San José adquiere un protagonismo destacado en el contexto de las llamadas “guerras de religión”. Es el caso de la “Guerra de los 30 años” tras cuyo final Fernando III de Habsburgo consagra el imperio austriaco a San José en agradecimiento por la victoria.

Fuente IX Congreso de Josefología , Polonia